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Sobre la profundidad del tiempo

No es que todo vaya más rápido, es que nuestra percepción del tiempo va perdiendo profundidad.

La idea de la profundidad del tiempo fue acuñada por los estudiosos de la geología para describir la magnitud del tiempo necesario para formar fenómenos geológicos; pongamos, por ejemplo, el cañón del Colorado o la cordillera de los Andes.

Como humanos, percibimos el tiempo de manera mucho más superficial: en años, décadas o, como mucho, si lo hacemos desde una perspectiva histórica, en siglos o milenios.

Pero no en millones de años.

Los economistas, muy dados a tomar prestados conceptos de otras disciplinas, lo empezaron a utilizar para describir la idea de que, para que una sociedad prosperara, necesitaba que sus actores no buscaran resultados inmediatos, sino que entendieran que el esfuerzo colectivo e individual presente traerá beneficios diferidos, que llegarán años y décadas después: la comprensión de la profundidad del tiempo es clave para la mejora material.

Y para la mejora emocional y personal.

Cuando Eckhart Tolle y Tony Robbins hablan de vivir en el presente no están diciendo que el futuro les dé igual. Ambas cosas no son mutuamente excluyentes, de hecho, son totalmente complementarias: lo que nos hace disfrutar plenamente del presente es, precisamente, la comprensión de la profundidad del tiempo.

Articulado o no, es evidente que estamos viviendo las últimas fases de un desenraizamiento progresivo de nuestras sociedades. Por un lado, la conexión al terruño parece relegada a una minoría. Por otro, el anclaje sociocultural a un linaje de generaciones está ya tan diluido que poca gente sabe de dónde viene.

Pero todo es reversible.

Si no sabes de dónde vienes, si te han arrebatado el conocimiento de tus raíces, ya sea de la conexión a la tierra y al paisaje o a la cultura de los que vinieron antes de ti, es muy difícil sentir la necesidad de proyectarse hacia el futuro.

Sin profundidad del tiempo hacia atrás no hay profundidad del tiempo hacia adelante: es el día de la marmota una y otra vez.

No es casualidad que cada vez más gente se sienta desmotivada y vacía. Aun siendo consciente de que hay otras muchas razones, estoy convencido de que la principal es la pérdida de percepción de profundidad del tiempo.

Por eso no me sorprendió constatar que el fundador de Reforest Project, Fernando Ojeda, vive en el polo opuesto a la desmotivación o a cualquier escenario remotamente cercano al día de la marmota: hablando con él resulta evidente que tiene muy presente la profundidad del tiempo hacia atrás y, sobre todo, la profundidad del tiempo hacia adelante.

Puedes escuchar la conversación que grabamos juntos en la sede de la fundación, en Navarra, haciendo clic aquí.

Gracias de nuevo a Daniel Brull por acompañarme y ayudarme con la imagen.

Sin pasado no hay futuro, amigos.

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