Me decía mi padre durante la cena Navidad de este año que, cuando él era pequeño, en los años 40 y 50, la gente solo moría de dos cosas: de viejo o «de lo suyo».
«De lo suyo» fallecían aquellas personas que arrastraban durante cierto tiempo una patología conocida y normalmente diagnosticada, ya fuera porque acarreaba algún tipo de limitación vital o dolor, o porque se manifestaba claramente de alguna manera, como por ejemplo complicaciones en el aparato digestivo, problemas respiratorios o algún tipo de enfermedad neurodegenerativa, como Alzheimer o Parkinson, que en aquellos años se solían meter bajo la categoría general de «demencia senil».
Sin embargo, la mayoría de la gente fallecía «de vieja». Se encontraban aparentemente bien y, de repente, en cuestión de semanas o de días, se apagaban vitalmente hasta que un día su luz se extinguía por completo. Era «muerte natural».
Pero hoy sabemos que no existe tal cosa. No hay «muerte natural», de cierta manera, todos vamos a morir «de lo nuestro». En la mayoría de los casos habrá una razón directa o al menos subyacente: deterioro metabólico, cardiovascular, neuronal… o quizá cáncer.
Si todos vamos a morir «de lo nuestro» y hoy tenemos herramientas para retrasar su aparición 5, 10 o incluso 20 años, la pregunta es: ¿estamos siendo totalmente coherentes con nosotros mismos y responsables con los demás?
La respuesta es personal y la tiene que encontrar cada uno para sí mismo. Nuestra labor en Vida Potencial es dar herramientas prácticas de estilo de vida para aquellos que lo quieren ser.
Esta semana hemos publicado en YouTube la entrevista que le hicimos a Ernesto Prieto Gratacós para el podcast, un eminente científico y divulgador experto en antienvejecimiento, biomatemática y biología tumoral (puedes ver el episodio en YouTube aquí o escucharlo en cualquiera de las plataformas de audio).
Para él, y estamos muy de acuerdo, desconocer hoy día las herramientas a nuestro alcance para retrasar el envejecimiento y potenciar nuestra salud es equivalente a haber sido analfabeto en tiempos pasados.
En el último artículo del blog hablamos de una molécula que ha saltado a la palestra como suplemento antienvejecimiento, principalmente porque se cree que una de sus propiedades es imitar los efectos de la restricción calórica con la activación de la sirtuina SIRT-1, de lo que también hablamos en el episodio del podcast.
Aunque los resultados hasta la fecha son prometedores, los efectos del resveratrol sobre las sirtuinas y por lo tanto su efecto antienvejecimiento, son aún fuente de estudio.
Lo que sí parecen probar numerosos estudios son las propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antimicrobianas del resveratrol, así como su efecto cardioprotector.
Saber más sobre el resveratrol
Por cierto, he conseguido que mi padre deje de creer en lo de morir por causas naturales, ha empezado a moverse más, a comer mejor y a suplementarse.
Ahora quiere que «lo suyo» llegue lo más tarde posible.