Hay un antiguo dicho en francés, que probablemente haya caído en desuso, que encapsula muy bien una característica de la naturaleza humana:
«Elle était plus belle que la femme d´un autre».
Era más guapa que la mujer de otro.
Hay otras versiones parecidas, y seguro que alguna de ellas estará más alineada con el espíritu de la época en que vivimos… pero el concepto es inequívoco: los humanos tendemos a valorar y desear más lo que tienen los demás que lo que tenemos nosotros.
Aunque no tiene por qué ser así.
Tendemos naturalmente hacia esa visión, herencia probable de un pasado evolutivo donde la naturaleza nos dotó de este impulso irrefrenable de desear aquello que no tenemos.
Algo muy útil en un entorno antropológico de escasez.
Quizá aquellos de nuestros ancestros que se contentaron con lo que tenían no fueron capaces de encontrar la motivación suficiente para aventurarse en un mundo lleno de riesgos y, al fin y al cabo, somos los descendientes de los que sí lo hicieron.
Los descendientes de los que querían lo que no tenían.
La evolución busca que sobrevivamos, no que seamos felices o estemos en paz.
Si para que sobreviviéramos en ese mundo de escasez teníamos que sufrir los daños colaterales de la ansiedad, la envidia y el vacío, bienvenidos eran.
Gracias a esos daños colaterales estamos aquí.
Pero ya no vivimos en un entorno de escasez.
Y que este patrón forme parte del código evolutivo de la mayoría de nosotros no quiere decir que no podamos trabajar en eliminarlo de nuestro pensamiento cotidiano. Y entender de dónde viene es un primer paso para hacerlo.
Y muy liberador.
Porque nos ayuda a liberarnos de deseos que en realidad no son nuestros, deseos que afloran en nosotros de manera inconsciente y que vienen del mundo exterior.
Una corriente de pensamiento oriental defiende que los deseos son buenos; nos motivan y nos dan el foco necesario para materializar nuestra condición como humanos.
Buenos siempre que sean pocos y propios.
Óptimamente un solo deseo a la vez, quizá dos, máximo tres.
Y nuestros, muy nuestros. Que no sean adoptados del exterior ni asimilados de manera mimética por el entorno en el que vivimos. Sino, aparecerán la ansiedad y la sensación de vacío.
Encontrarlo no es un proceso fácil, nada fácil, pero, ¡eh!, nadie dijo que lo fuera.
El nuestro es que cada vez más gente tenga como deseo vivir una vida plena, sana, feliz y longeva. Que cada vez más gente desee su Vida Potencial.