Nada es casualidad, o al menos, pocas cosas lo son.
Uno no se convierte en el mejor cocinero del mundo sin un plan, sin un impulso irrefrenable de mejorar y sin mucho, mucho trabajo.
Aunque lo puede hacer sin vocación.
Hemos tenido en el podcast a Ferran Adrià, icono de la alta cocina creativa que revolucionó el mundo gastronómico y cambió totalmente las reglas del juego en el sector.
Tantas lecciones que aprender en este episodio.
Algo que llama la atención es que Ferran reconoce abiertamente que no tenía ninguna vocación cuando comenzó su trayectoria profesional, empezó de friegaplatos y a fuerza de trabajo una cosa llevó a la otra…
La vocación y la pasión llegaron después.
Mejorar nuestras habilidades y sentir que estamos mejorando nos da confianza y seguridad en nosotros mismos, y esto hace que poco a poco desarrollemos pasión y gusto por lo que estamos haciendo.
Voilà el círculo virtuoso de empezar, aunque sea sin pasión o sin motivación.
Me hace pensar en la cantidad de veces que he oído eso de «es que a mí no me gusta entrenar» o «es que no encuentro la motivación».
La magia de empezar, amigos.
Puedes ver el episodio en YouTube aquí, o escucharlo en Spotify o cualquiera de las otras plataformas de audio.